SANT LAURENT Y GUCCI PONEN A ENFRIAR SUS TARTAS DE MANZANA (1 de 3)
Medito sobre una nueva entrada de
mi admirado José Pérez de Lama en el fantástico blog Arquitectura Contable en el que menciona un libro de Josep María
Esquirol, titulado La Resistencia Íntima, publicado en la editorial Acantilado
y habla también de Guattari y de la producción colectiva de las subjetividades.
Explica cómo la producción de subjetividad es una de las principales áreas del poder
contemporáneo (la producción de deseos, valores, formas de ver en el mundo,
etc. en cada uno de nosotros…) y por eso, ésta, se configura como el campo
de batalla principal para la resistencia. De la importancia que tiene la
resistencia a los discursos construidos.
Es desalentador ver cómo
efectivamente, el neoliberalismo nos construye un discurso que de
inmediato validamos, en cualquier ámbito de la vida, asegurándose de que prende
bien en nuestra interpretación del mundo, construyendo nuestros valores y fabricando nuestros deseos.
De Juan Carlos Santos Capa he
aprendido mucho este último año (no tanto como a él le hubiera gustado), pero
ha sido un lujo oírlo hablar de cómo se construyen los imaginarios colectivos,
de cómo los deseos propios nos vienen dados aprovechando nuestra falta de criterio
y explicándonos cómo, ante la incertidumbre, el miedo se refugia en los valores
tradicionales, supuestamente más sólidos, y el conservadurismo se impone.
Este fin de semana, Estudio Savage
nos ha hablado, al colectivo Crafts in Progress, en una charla intensa, sobre la comunicación de las grandes
marcas, sobre diferentes estrategias de publicidad, con múltiples ejemplos de
cómo estas grandes empresas intentan llegar a sus clientes.
No he podido evitar establecer
relaciones entre todo este bombardeo de conceptos, ideas e imágenes y llegar a
mis propias conclusiones, probablemente equivocadas, sobre lo que está sucediendo
con la artesanía, de cómo estas grandes corporaciones, en una estrategia
perversa, están devorándola desde una visión extraordinariamente conservadora,
construyendo subjetividades de forma bastante indisimulada sobre la
memoria y los valores tradicionales más rancios, en un ejercicio claro de involución que
como sociedad aceptamos y nos obligan a desear.
Continuará…
Colección primavera 2020 de Saint Laurent para hombre.
La firmaría el propio Donald Trump (ni su hija sería capaz)




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